Hoy, Daniel os trae unas preciosas poesías escritas por su tía Vicenta y que comparte con vosotros. ¡Increíbles!
La Primavera
Ya llegó la primavera,
esa estación tan bonita,
se viste el campo de verde,
ya se ven las margaritas.
Ya florecen los rosales,
azucenas, alegrías,
y en nuestro interior sentimos
que renace nuestra vida.
Paseas más por el campo,
te sientas sobre la hierba,
y oyes el cantar del agua
de un río que pasa cerca.
Ese ambiente tan tranquilo
te invita a tumbarte en ella
y te quedas relajado
con una paz muy inmensa.
Te quedas mirando al cielo
y lo ves tan azulado,
tan bonito te parece
que tú quisieras plasmarlo.
Como no puedes hacerlo,
en tu mente se ha grabado
una mañana feliz,
en tu pueblo, en tus campos.
La Noche de Reyes
Era una noche de reyes,
salí a ver la cabalgata,
a ver la cara de los niños
alegres y entusiasmadas.
Yo disfruté como un niño,
de ver tanta algarabía,
pero vi en un portal
una madre dolorida,
con un niñito en sus brazos
que sollozando decía:
– Mamá, no me han dado nada
y soy bueno todos los días.
– Hijo, no tuve dinero
para mandarles la carta,
y como ellos no lo saben
no te han dejado nada.
Al oír aquel relato
a mí se me partió el alma,
y me crucé por unas calles
a ver qué podía llevarle
al niño que pena daba.
Vi en un escaparate
juguetes a punta pala,
y sin pensarlo dos veces
el cristal lo destrozaba.
Cogí un camión y un caballo
y eché acorrer a toda prisa,
pero al volver una esquina,
encontré a la policía.
– A por él, es un ladrón,
pero yo no me paraba.
Me metí en la multitud
y me dirigí a mi casa.
Me disfracé de rey negro,
metí todo en una caja,
lo adorné con estrellitas,
con una carta en la tapa.
Al entregársela al niño,
su cara se iluminó
y su madre, de alegría,
a mi cuerpo se abrazó.
Primero leyó la carta
y luego todo lo abrió.
Y le dijo a su hijo Cristian:
– Te lo ha mandado el Señor.